Joaquín Sabina - Vinagre y rosas: cuesta abajo y sin frenos
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Le tenía respeto al último disco de Joaquín Sabina; el Flaco de Úbeda ya no es el mismo desde el marichalazo. No necesita sorprender a nadie ni hacer una campaña de promoción brutal para hacer ruido. Ha pasado ya la barrera psicológica de los sesenta años y regresa tras una pobre tarjeta de presentación que incluía Dímelo en la calle y Alivio de luto. Y la terna se completa con Vinagre y rosas, el que dice que será su último álbum con gira interminable en grandes espacios. Me espanta la portada, y el interior no invita a hacerse con una copia original, lo siento, lo tenía que decir. Se nos muestra a Sabina soplando una tuba en plan balcánico como si fuera un miembro de la No Smoking Orchestra, ataviado cual director de circo en decadencia. Sinceramente, no le veo la gracia por ningún lado. Vinagre y rosas lo dejé reposar como quien pone a serenar a una pieza de caza mayor. No me esperaba ninguna maravilla, ni tampoco una castaña como la del su anterior entrega. En efecto, 19 días y 500 noches es el top de gama del jiennense, y desde entonces sigue cuesta abajo y sin frenos. Diez años van de aquello y Sabina ha querido demostrarnos que quien tuvo retuvo; pero no, nos nos la ha podido dar con queso, los mimbres son los mismos, los tics idénticos y las compañías de viaje no cambian. La composición la firma la misma terna aliada desde hace muchos años: Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego, y un aliado de excepción, el escritor Benjamín Prado, que le ayudo a escribir diez de estas canciones, otra lleva letra de Luis García Montero y otra es una revisión de Violeta Parra. Bueno, y Pereza, Rubén y Leiva, que producen, tocan y componen al alimón con Joaquín el single ‘Tiramisú de limón’, con música de Leiva, y la perfecta ‘Embustera’ (YouTube), con música de Rubén. No soy yo muy partidario de los de La Alameda de Osuna, pero tiene narices que lo mejor del disco sean esos dos cortes. Porque las canciones que parió con Benjamín Prado entre Praga, Rota y Madrid, léase el itinerario en Romper una canción, de este escritor roquero, musicadas por sus músicos de directo no son más que en su mayoría un puñado de lugares comunes. Sitios a los que Sabina ya llegó en el pasado, incluso hay tonillos familiares y acordes reconvertidos. Y menos mal que el cantante tiene oficio porque el cóctel parece de garrafón: ora una ranchera cañí, ora un rock de baja intensidad a lo JJ Cale, ora una rumbita güeña, ora un rocanrol apañao marca de la casa… ¿Sólo dos temas salvables os preguntaréis algunos? Bueno, no, salvamos de la quema también a ‘Crisis’, que tiene la impronta del Sabina calavera pero es un rocanrol totalmente inócuo, y a ‘Agua pasada’ y ‘Parte meteorológico’ (YouTube), que parecen de la época pre-ictus. El resto son fuegos artificiales humedecidos por una mala producción. Sitio oficial | Joaquín Sabina Vídeo | YouTube